
A veces las cosas deben volver a su estado natural. Claro, eso decía ella mientras veía la planta muerta que tiene sobre su mesita de noche hace un par de meses. Era una noche fría, tenía las manos heladas y se negaba a cerrar la ventana. Quería que el viento la congelara por un minuto y asi detener su propio tiempo. Estaba enferma y aun así no le importaba lo que pudiera suceder. Apagó la vela y se acostó, pero no podía dormir. Los pensamientos la torturaban, sentía sangrar su mente. En la vida hay muchos dolores horribles pero ninguno como el propinado por la propia conciencia cuando se debate entre los hechos y los actos. Eso, si se tiene un corazón que sabe el verdadero significado del remordimiento.
Cerró los ojos creyendo que morfeo por fin la atraparía. De pronto se escuchó un ruido y todo fue en vano. Se levantó, se sentó al borde de su fría y dura cama y simplemente suspiro. Había labrado su propio destino y por ello estaba condenada a permanecer para siempre en aquella prisión.
Había demasiadas cosas a las que no se podía dar marcha atrás, así que simplemente limpió sus lágrimas y se resignó a permanecer para siempre en aquel lugar.
Hay demasiadas cosas difíciles de entender, y peor aún cuando no se tienen las palabras correctas para conjugar y soñar...
Alegna.













